Palabras, palabras...

Palabras, palabras...
Dibujo; César González Páez.

jueves, 24 de enero de 2013

AL borde

El saber de los otros


La sapiencia de oriente, siempre me ha fascinado, por el poder y el efecto que tiene en la elección de las palabras para que, en pocas líneas, a veces basta una, logre abarcar todo un concepto que nos puede cambiar la vida o hacernos reflexionar y corregir nuestros errores. Aquí van algunas frases, extraídas de ese libro inabarcable que se titula Pepitas de oro de José E. Guraieb y publicado hace justo cuarenta años.


* Reflexiona antes de hablar, pues no podrás conseguir que tu palabra vuelva una vez que ha rodado por la pendiente del error.

* Taparse un ojo en un país de tuertos, no es ningún mérito, sino más bien falta de carácter,

* Si es cierto, como dicen, que el ojo del amor es ciego. No es motivo para que se abra sólo para ver los defectos de la gente.

* Hay que saber despertarse de los sueños.

* La vida se reedita y los hombres somos letras que llenan sus páginas.+

* Un libro abierto es un cerebro que habla, cerrado es un amigo que espera, olvidado es un alma que perdona: mas destruído es un corazón que llora.

* El matrimonio es una novela en cuyo primer capítulo muere el héroe.

* Los verdaderos sabios, n su mayoría, murieron pobres, pero la vida se encargó de hacerles justicia, inmortalizando sus nombres y bendiciendo sus obras.

Pero además de frases, se suelen contar pequeñas historias que trasmiten algo para quein sepa aprovecharlas: Esta habla de un maestro, un hombre justo y piadoso, que enseñaba el andar por el camino recto. Un día un discípulo se le presentó diciéndole que ya había aprendido mucho con él pero que le enseñara el correcto proceder, puesto que se creía con condiciones luego de haber recibido sus enseñanzas. Su alumno quería llegaren el menos tiempo posible a su misma condición de maestro.

_ ¿Te sientes capaz de ello?, le dijo el guía “entonces ve a la ciudad, observa lo que allí pase y vuelves y me cuentas lo que viste”.

A su regreso le dijo que vio a un viejo hortelano llevando un burro cargado de frutas y y que un soldado con prepotencia le golpeó y lo despojó de su mercadería.

El maestro entonces le dijo: “Si tu conocieras los santos nombres de Dios, ¿qué le harías al soldado?

- Pediría su muerte, por su impiedad y prepotencia.

- ¿Y que actitud tomó el hortelano frente al soldado? a lo que el discípulo respondió; “Nada, sólo vi en su rostro los signos de la piedad como si hubiera tenido lástima de su verdugo…”

Sólo sirven los hombres que poseen la virtud de la paciencia, el dominio sobre sus pasiones, la bondad, la piedad y la caridad, cualidades que se resumen en el amor. Dones que aún te faltan para ser un modesto amigo de Dios. Le dijo el maestro y dio por terminada la conversación.


C.G.P.

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