Palabras, palabras...

Palabras, palabras...
Dibujo; César González Páez.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

La medida de los sueños



Debe ser así, que bajo las distintas capas de pintura con la que nos educaron, que nos impusieron y con las cuales siempre hemos creído que éramos felices o nos conformamos, haya una mano de pintura de lo que realmente somos. Debe quedar esa tintura de lo que siempre quisimos ser y nos animamos, presionados por lo convencional y lo que ‘debe hacerse’ y de ‘cómo debe hacerse’, según el gusto de los demás. Hablo de ese pintor escondido que no dejaba explotar su alma de colores, de ese personaje que quería pensar y expresarse en un libro, ese manuscrito que existe en cada uno de nosotros.


Volver a ser como niños para empezar a jugar y encontrar lo que nos gusta y nos haga ser completos como personas. Hablo de ese poeta de palabras emocionadas que no se animaba a escribir, hablo de ese cantante que dejó de esconderse en la ducha para cantar la canción que le dictaba el alma. Hablo del guitarrista que soñaba sacar arpegios a la guitarra o al arpa encantada de música del alma. Hablo del que quería decir las cosas que pensaba y no se animaba a enarbolar su bandera de sus convicciones. Hablo de los indignados que dejaban hacer a los políticos sus insensateces y sus derroches a costa de la gente humilde. Hablo del que cedió a la tentación de expresar sus ideas y hacerse vocero de los que no saben cómo expresar las injusticias de la vida.


Raspando bien en la personalidad de cada uno, debe estar el color de pintura original de lo que éramos, de lo que debimos ser y no pudimos. Porque nos deseducaron, nos amaestraron en ‘valores’ de comportarnos como pacíficas ovejas en el corral de la sociedad. Nos quitaron los colores del pincel con que debíamos pintar nuestras vidas, la música que era nuestra banda de sonido, el original de nuestra película, de la obra maestra a la que tenemos derecho.


Usted podrá decir, “ese no es mi caso”, feliz de los que tienen escrito su libreto tal cual lo idearon. Porque también existen los conformes con el destino que les ha tocado. Si esto fuera así con todo no habría tanta injusticia en el mundo, por ejemplo no existirían los que todo le es poco y no les alcanza porque siempre ambicionan más. Y no digo más. Raspen en la piel de lo que verdaderamente son, descubrirán el color de la pintura original, el boceto de la vida que siempre quisieron y no se animaban a mostrar.


Bendita suerte de ser como uno es.


C.G.P.

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